domingo, 16 de octubre de 2011

Epistemología y los Paradigmas



10 habilidades que no se aprenden en la escuela


Por Aitor Calero García. Un Cafelito a las Once – 1C11
 Hace unos días me llegó un mail de un blog al que estoy suscrito, y que os recomiendo a todos. Se llama Personal MBA y es un proyecto que conocí hace tiempo. Su creador es Josh Kaufman y trata de llevar todos los conocimientos que se imparten en un MBA pero de forma gratuita y colaborativa. Sí, muchos estaréis pensando que o bien qué es un MBA (qué es un MBA) o si lo sabéis, que qué sentido tiene hacer un MBA online si lo importante de estos cursos son los contactos.
Para los que no lo sepan MBA es el acrónimo inglés de Master Business Administration, o Máster en Administración de Empresas. Desde hace unos años este tipo de títulos han cobrado especial relevancia y es muy probable que alguno de tus jefes o tú mismo tengas uno. Según Nassim Taleb (él tiene un MBA) son aquellos que “tienden a hacer reventar los mercados financieros ya que están entrenados para simplificar los asuntos un par de pasos más de los necesario“.
Uno se pregunta cuántos de estos MBAs son los que estaban en el ojo de la tormenta financiera que estamos sufriendo. Para Josh Kaufman, pagar por un MBA es tirar el dinero, al fin y al cabo, según él, un MBA no es más que un conjunto de actividades y lecturas y relaciones que cualquiera puede obtener sin necesidad de hipotecarse de por vida. Para los que no lo sepan un “buen” MBA puede rondar los 100.000€.
No es que yo mismo tenga un especial interés en hacer un MBA, pero el enfoque de Josh me pareció desde el principio interesante y sus email y recomendaciones de libros siempre me aportan algo. De hecho, hace poco ha publicado un libro del que me bajé un capítulo de muestra y que tengo pendiente como lectura (The Personal MBA: Master the Art of Business).
Pues bien, hace poco, en uno de sus emails comentaba sobre un artículo de un profesor (John Taylor Gatto) titulado “The Curriculum of Necessity or What Must an Educated Person Know?” (El currículum de la necesidad o ¿qué es lo que una persona educada debe saber?). Este profesor lo resumía en 10 habilidades que no se enseñan ni se aprenden en la escuela:
1. Definir problemas sin una guía.
¿Cuántos de nosotros somos capaces de definir los límites de los problemas? En la escuela nos enseñan a plantearnos problemas pero casi siempre nos dan los enunciados y el contexto en el que aplicarlos. Si preguntamos a cualquier ciudadano, de sopetón, cómo calcularía el volumen de un edificio, ¿cuántos nos plantearíamos bien el problema?
2. Hacer cuestiones complejas que cuestiones paradigmas previos.
La autoridad de un adulto es importante, pero también lleva a creer todo lo que nos diga. Por supuesto, esto tiene una ventaja evolutiva obvia (no hacer caso a los mayores nos pondría muchas veces en peligro), pero ¿les damos oportunidad a nuestros hijos a plantearse alternativas? ¿Nos lo planteamos nosotros mismos ante cuestiones aparentemente obvias?
3. Asimilar rápidamente los datos necesarios de una masa de información irrelevante.
Crucial hoy en día, cómo distinguir el grano de la paja. Desde luego esta habilidad va muy ligada a la primera. Si sabemos definir los límites del problema, nos será más fácil buscar lo que necesitamos. Tenemos gran cantidad de información, pero necesitamos enseñar a nuestros hijos y a nosotros mismos a identificar lo importante y detectar las fuentes de información más fiables con herramientas de análisis crítico.
4. Trabajar en equipo sin guía.
Auto-organizarse, muchos de los grandes logros del software de los últimos tiempos se han hecho así. Cientos de programadores, se han ido poniendo de acuerdo para construir todo tipo de aplicaciones. No había un jefe supremo que los guiara y sin embargo se iban logrando objetivos. Aprender a trabajar de esta forma no es sencillo, y requiere toda una serie de habilidades personales que es necesario trabajar.
5. Trabajar en soledad.
Sin que nadie te tenga que decir lo que tienes que hacer. Estamos tan acostumbrados a que nos manden que cuando nos dejan solos tenemos miedo al abismo. ¿Qué hacer, cómo hacerlo? Esta es una habilidad que hay que trabajar desde pequeños y no es fácil, porque nuestro sistema educativo, casi impone la presencia de un profesor, tutor o cuidador que nos dice lo que tenemos que hacer.
6. Persuadir a otros de que tu camino es el correcto.
Cuántas veces estamos convencidos de que nuestra propuesta es la correcta pero no somos capaces que transmitirla. Lo contrario también ocurre, pero…
7. Conceptualizar y reorganizar información en base a nuevos patrones.
Internet, teléfonos inteligentes, nuevos roles, ¿somos capaces de hacer encajar nuestras antiguas piezas de conocimiento en todo esto? Extraer lo sustancial de todo lo anterior, y ser capaces de trasladarlo a nuevos modelos.
8. Discutir ideas con un enfoque hacia la práctica.
Nos encanta discutir, pero ¿aquello que proponemos se puede llevar a la práctica? Es muy sencillo decir qué hay que hacer, pero ¿sabemos cómo podría hacerse?
9. Pensar de forma inductiva, deductiva y dialéctica.
De lo particular a lo general, o de lo general a lo particular o enfrentando ideas opuestas. Ser capaces de pararse a pensar para extraer nuestras propias ideas, ya sea a partir de la observación o del diálogo.
10. Atacar problemas de forma heurística.
Ser capaces de utilizar nuestro pensamiento lateral. De pensar fuera de la caja, de atrevernos a tomar otras vías, de ser capaces de aplicar la experiencia a nuevos problemas. De dejarnos llevar alguna vez por la intuición.

No estoy del todo de acuerdo con que estas habilidades no se enseñen en la escuela, todas ellas se tocan pero quizá no se les da la importancia que merecen, y desde luego, el sistema educativo no está enfocado a ellas. Echo de menos en todo nuestro sistema educativo, desde niños hasta universitarios, un mayor enfoque en las técnicas. Me parece que hay demasiado peso de las materias y de las clases magistrales.
Quizá hace años, cuando el conocimiento era muy limitado, tener a un maestro que nos mostrara un montón de cosas maravillosas que desconocíamos era básico, pero hoy en día es muy probable que ya nos hayamos topado con la información y lo que necesitamos es que nos digan cómo amasarla y/o digerirla. Hace apenas 50 años intuyo que el número de veces que un niño había visto la letra A serían mucho menores que las que ha visto cualquier niño de hoy en día, igual con un idioma o con cualquier otra pieza de información.
Más que transmitir, dar sentido a todas esas piezas de información puede que sea el mayor reto que tenga un profesor hoy en día.
¿Son otras de las habilidades que se deberían enseñar en la escuela? Cada vez tengo más dudas, teniendo en cuenta la diversidad y complejidad del mundo actual, de qué y cómo se debería enseñar a nuestros hijos y es por eso que creo que se debería poner más énfasis en el cómo se enseña y aprende, que en el qué se enseña: técnica Vs materia.
¿Cuál ha sido vuestra experiencia? ¿Cómo habéis adquirido o aprendido estas habilidades? ¿Cuáles echáis en falta?
Por Aitor el septiembre 14th, 2011. Copyleft © 2011 Un Cafelito a las Once – 1C11



ELEMENTOS BÁSICOS DEL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN

DESARROLLO DEL TEMA
ELEMENTOS BÁSICOS DEL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN
1. INTRODUCCIÓN.
Para tener una buena comunicación con los demás es importante que seamos buenos emisores. Es decir, debemos expresar nuestro mensaje de una manera apropiada. Pero, también, es necesario aprender a ser buen receptor, es decir, a recibir en forma abierta los mensajes que nos dirigen nuestros emisores.
¿Te has preguntado, alguna vez, qué sería de nosotros si no pudiéramos comunicarnos?
En este tema desarrollaremos las cuestiones fundamentales para que asumamos conscientemente nuestro ser comunicativo y comprendamos en dónde se atora, restringe, perturba o problematiza.


2. LA COMUNICACIÓN COMO PROCESO.
La comunicación es entendida como la emisión y recepción de mensajes, con los que los hombres se relacionan entre sí. Así descrita la comunicación, su papel ha sido decisivo en el proceso de humanización individual y social de las personas.
Sin embargo, para que se lleve a cabo se requiere la existencia de “cierta igualdad de saberes u objetos de comunicación” o, como dicen los comunicólogos: los “campos de experiencia” entre el emisor y el receptor, es decir que, tengan el mismo o al menos no tan disparejo nivel de conocimientos, en torno de lo que se comuniquen.
Para abordar este tema conviene partir del término proceso. Aquí hablaremos de algunas acepciones para llegar a la definición manejada en el área de la comunicación. El diccionario básico de comunicación define este vocablo como “todo sistema cuya principal característica es el constante cambio” (Chaim, S., 1980, p. 397)). Evidentemente en la comunicación, si ésta es eficaz, habrá permanentes cambios.
Basándonos en lo anterior, proceso se define como: progreso, conjunto de las fases sucesivas de un fenómeno natural o de una operación artificial. Esto quiere decir que cuando hablamos del proceso de la comunicación debemos tomar en cuenta también su aspecto dinámico y estático. En el primer caso, es un movimiento constante y en el segundo, para registrarlo, tiene que recurrirse al lenguaje escrito, y al escribirlo, aunque sólo sea poco tiempo, es estático. (Berlo, D., 1974, p. 20.).


Proceso:
• “Una serie de acciones o de operaciones que siempre están en movimiento”
• “La comunicación no es una entidad estática arreglada en el espacio y en el tiempo es un proceso dinámico”
• “La comunicación es un proceso inevitable, irreversible y continuo”
La importancia de lo dinámico se observa porque es un movimiento que relaciona los componentes entre sí al interior del proceso comunicativo.
Al estudiar el proceso de comunicación, se aísla a sus componentes para comprender cuál es la interacción que existe entre ellos. Sin embargo, no hay que perder de vista que en realidad dichos elementos no se hallan aislados, sino que son interdependientes y mantienen entre sí una estrecha relación, una interacción constante que es la que de vida y dinamismo al proceso.
De la misma forma, con objeto de estudiar al proceso, se detiene su movimiento para fijar un punto de partida, que tampoco corresponde a la realidad, ya que en ella la comunicación se da como proceso cerrado, sin principio ni fin:
La comunicación funciona como un proceso en el cual interactúan todos los elementos que la constituyen. Veamos a continuación los más relevantes y básicos.

3. ELEMENTOS BÁSICOS.
Todo proceso, si lo analizamos, se integra por una serie de elementos, en el caso que nos ocupa “La Comunicación Humana”, por experiencia de vida inferimos o suponemos determinados componentes que desde la antigüedad se han propuesto.
Posteriormente, diversos estudiosos de la comunicación han planteado o integrado otros elementos, de los cuales estamos seleccionando los básicos, esto no quiere decir que no existan otros importantes o muy importantes. Ejemplo:
JUAN LE DICE A MARÍA POR TELÉFONO: TOMARÉ EL AUTOBÚS DE LAS 16 HRS.
CONTEXTO
Conjunto de términos (palabras) que facilitan la comprensión del mensaje: La palabra autobús nos aclara que el verbo tomar significa viajar.
Además, es el conjunto de factores y circunstancias en las que se produce el mensaje y que deben ser conocidas tanto por el emisor como por el receptor. Podemos distinguir distintos tipos de contexto:
• Contexto situacional.- Circunstancias espaciales y temporales en las que se produce el acto comunicativo.
• Contexto sociohistórico.- Conocimiento de la época en la que se producen los mensajes.
• Contexto lingüístico.- Lo dicho antes o después de un enunciado puede condicionar su interpretación.
EMISOR
El que transmite el mensaje:
Juan MENSAJE
Información transmitida:
Tomaré el autobús de las 4 h. CANAL
Soporte, medio o conducto por el que circula el mensaje:
Hilo telefónico RECEPTOR
El que recibe el mensaje:
María

CÓDIGO
Conjunto de signos y reglas que conocen el emisor y el receptor con los que se elabora o estructura y comprende el mensaje.

Ahora analizaremos todos y cada uno de los elementos mencionados para mayor y mejor entendimiento, pero cada elemento está integrado por varios factores. Para tal efecto, desarrollaremos el esquema propuesto por David K. Berlo:

a). El Emisor y el Receptor.
Los elementos que primero desarrollaremos son EMISOR y RECEPTOR, lo demás propuesto son los factores que integran o constituyen a cada uno:

FACTORES
ELEMENTOS EMISOR
El emisor es la fuente de donde brota o tiene su origen la comunicación RECEPTOR
Receptor es toda persona a quién va dirigido el mensaje.

TÉCNICAS O HABILIDADES Pensar, hablar y escribir. Existen otras como dibujar, pintar, gesticular, pero se pueden englobar en las habilidades codificadoras de hablar y escribir. Pensar, leer y escuchar. Las unidades de pensamiento son necesarias para entender (decodificar) satisfactoriamente el mensaje y dar respuesta (codificar) al emisor.

NIVEL DE CONOCIMIENTOS Es lo que sabe y domina sobre el tema que comunica. No se puede comunicar, con un máximo de efectividad, un material si el emisor no lo entiende. Además se toma en cuenta el grado de preparación escolarizada que posee.
Es lo que sabe y domina sobre el tema que le comunican. No se puede entender, con un máximo de efectividad, un material si el receptor no lo entiende. Además se toma en cuenta el grado de preparación escolarizada que posee.

SISTEMA SOCIO CULTURAL La posición social del emisor, las creencias, los valores, las costumbres, y los hábitos del grupo al que pertenece, son el colchón de emisión de los mensajes.
La posición social del receptor, las creencias, los valores, las costumbres, y los hábitos del grupo al que pertenece, son el colchón de recepción de los mensajes.

ACTITUDES
1) Hacia sí mismo. El emisor debe sentir una gran seguridad de sí mismo al comunicar sus mensajes.
2) Hacia el mensaje. El emisor debe estar consciente del grado del dominio que tiene de su mensaje, porque en la medida de que éste sea bueno producirá actitud positiva.
3) Hacia el receptor. El emisor debe saber o tener cierta información, más o menos precisa, del receptor, que le inspire confianza. Porque en la medida que sepa a quién se está dirigiendo augura una buena recepción del mensaje.
1) Hacia sí mismo. Si se siente lo suficientemente capacitado, confiado, para recibir los mensajes prove- nientes del emisor.
2). Hacia el mensaje. Si el tema o mensaje no le son desconocidos o presentan dificultades para su cap- tación y dependiendo si el tema le es grato o no.
3). Hacia el emisor. Si conoce o tiene alguna referencia de quién es emisor o de qué persona se trata. Puede ser una actitud positiva, negativa o indiferente.

¿Receptor o Perceptor?
Hasta aquí hemos manejado el concepto receptor, sin embargo, es importante mencionar que también se utiliza el término perceptor para hablar de este elemento del proceso. La diferencia entre receptor y perceptor no es sólo cuestión de palabras sino de concepciones, aclaremos esta diferencia. Un receptor sólo recibe mensajes o señales.
Un receptor puede ser, entre otras cosas, un aparato de radio. Así, desde el punto de vista de Schramm, atribuir este rol de receptor al destinatario del mensaje es atribuirle un papel pasivo, incapaz de pensar y de decodificar (entendido como proceso de conocimiento). En cambio el perceptor es activo, tiene la capacidad de responder, de pensar (de percibir) y de actuar como emisor.
La concepción del término perceptor es transformar la recepción tradicional ante los mensajes, en una recepción crítica y, finalmente, pueda asumir una postura de percepción ante ellos.

b). El Mensaje.
El mensaje son las ideas, pensamientos, deseos que el emisor comunica. En la palabra escrita, lo escrito es el mensaje y en la palabra hablada, el discurso es el mensaje.
Para que un mensaje sea eficaz debe responder a unos requisitos fundamentales:
1. Claridad: los mensajes deben ser claros, comprensibles e inequívocos.
2. Precisión: la información transmitida tiene que ser completa y precisa, de forma que no genere en los receptores desconfianza y sospecha.
3. Objetividad y veracidad: la información debe ser verdadera, auténtica, imparcial y esencialmente objetiva.
4. Oportuno: el mensaje ha de emitirse en el momento en que es útil y necesario, y no antes ni después. Por ejemplo: no podemos hablar de dinámicas de grupo sin introducir antes el concepto de grupo, si lo hiciera sería poco oportuno.
5. Interesante: el mensaje ha de crear en el receptor una reacción positiva y eso sólo es posible si es interesante.
El mensaje también tiene sus factores, entre ellos solamente desarrollaremos tres y son:
• Código. Éste es el conjunto de signos y símbolos estructurados, cuyo significado debe ser el mismo tanto para el emisor como para el receptor. Los idiomas son códigos para todos los habitantes de las distintas naciones y tienen la función de materializar o dar cuerpo a sus ideas, pensamientos y todo lo comunicable de los ciudadanos.
• Contenido. Son las ideas que contiene el mensaje, aunque en el uso frecuente, se presta a confusión porque el mensaje es en sí un contenido y a la inversa, todo contenido puede ser un mensaje, o por lo menos tiene la posibilidad de ser mensaje una vez que lo reactive el emisor o el receptor. Por ejemplo, un libro es un depósito de contenidos o de mensajes que determinado autor tuvo a bien escribir y que están en la disposición de cualquier lector o receptor.
• Tratamiento. El tratamiento del mensaje es la manera como el emisor maneja o presenta sus ideas, pensamientos o lo que desea transmitir. Hay tantos tratamientos como personas. Cada uno tiene su peculiar forma de decir las cosas. Este tratamiento implica desde el código que se emplee, habrá quienes prefieran el inglés al castellano, hasta las distintas maneras de presentarlo como, el orden de las partes, las diversas estrategias de la exposición para su mejor comprensión, etc. Se puede tener un contenido interesante así como un código apropiado para comunicarlo, sin embargo, si la estructuración de dichos elementos no presenta un orden adecuado, la comunicación corre el peligro de perder su efectividad.

c). El Canal o Medio.
El canal, también presenta cierta confusión con medio. Por ejemplo se suele definir como el medio o instrumento por el cual se transmite o se recibe un mensaje. Y esto mismo puede ser una definición de medio o conducto.
Algunos autores parecen que entienden por canal la lengua, la escritura, el cuerpo, por ejemplo, dicen: el emisor debe escoger los canales que sean los más adecuados para transmitir sus mensajes: la lengua o el lenguaje, la escritura, el movimiento corporal, etc. que son los canales más comunes que emplea el hombre. Y medio serían básicamente aquellos aparatos que provienen de la mecánica o electrónica, etc.
En este sentido se dice que el emisor debe tener en cuenta cuáles canales son los más idóneos para el receptor: el oído, la vista, el tacto, etc. Para seleccionar el más adecuado, y así lograr los propósitos de la comunicación. El canal que se escoja deberá adecuarse a las características del emisor, del receptor y del mensaje, así como a las características propias del canal empleado.

d) Contexto.
Las circunstancias que rodean un hecho de comunicación se denominan contexto, es siempre necesaria para su adecuada codificación y decodificación, es decir, para lograr la efectividad de la comunicación humana.
Podemos distinguir distintos tipos de contexto:
• Contexto situacional.- Circunstancias espaciales y temporales en las que se produce el acto comunicativo.
• Contexto sociohistórico.- Conocimiento de la época en la que se producen los mensajes.
• Contexto lingüístico.- Lo dicho antes o después de un enunciado puede condicionar su interpretación.

e). Retroalimentación o Feed Back.
Este componente no se considera en la propuesta de los elementos básicos de la comunicación humana, pero lo consideramos de suma importancia, pues es la comunicación de retorno que se da en el proceso de la comunicación, es decir, la respuesta manifiesta o no del receptor al mensaje que le manda el emisor. Si los elementos básicos los dejamos tal como están, la comunicación solamente es de emisor a receptor:
Si se le añade le retroalimentación, la comunicación viaja en los dos sentidos y el receptor se convierte en emisor y así sucesivamente:

4. CONCLUSIÓN.
Recordemos que el ser humano es un ser sociable por naturaleza y por ello tiene la necesidad de comunicarse con los demás seres que le rodean, con comprensión y aplicación del proceso básico de la comunicación valoraremos su importancia en nuestra vida diaria.

BIBLIOGRAFÍA.
- Berlo, David K. El proceso de la comunicación, Ed, Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 1973.
- Corral Corral, Manuel de Jesús, Comunicación y vida 1, Editorial Edere, México 2002
- Corral Corral, Manuel de Jesús, Taller de comunicación I, CCH, UNAM, 1994.
- Regalado Baeza, Ma. Eugenia, Introducción al estudio de la comunicación humana, CCH, UNAM Septiembre de 2002
- http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/lengua/1comunic.htm

Material del Seminario de Profesores de Comunicación del CCH plantel Oriente. Coordinados por Jesús Salvador Cerrillos Sánchez.


Practica del abrazo






Después de realizar el conjunto de actividades y ejercicios de la primera unidad, deberá cada uno de ustedes poner en práctica esta actividad que les ordena el vídeo correspondiente y subir los comentarios que les hicieron sus amigos(as) y familiares. Muy Bien, a trabajar y subir en un apartado sus experiencias. Un abrazo cariñoso.


¿COMUNICACIÓN VS. INFORMACIÓN?


¿COMUNICACIÓN VS. INFORMACIÓN?


1. INTRODUCCIÓN.

Éste es un tema clave, pues se trata de aclarar una problemática añeja que seguimos arrastrando en el estudio de la Comunicación Humana:
• El bien es la comunicación.
• El mal es la información.

Existe una verdadera inquietud por aclarar estos dos conceptos, sus semejanzas y diferencias. Aclarando este problema habremos avanzado bastante hacia la solución tan anhelada y buscada por todos los interesados en la profundización de la Comunicación Humana.

2. CONCEPTOS.

• Comunicar viene del latín comunicare: significa compartir, poner en común algo, hacer saber una cosa.

• Informar viene del latín informare: significa entrar, instruir, dar forma sustancial a una cosa, poner en forma, dar un aspecto o forma, crear; pero también representar, presentar, crear una idea o una noción.

Pero aquí falta lo que le da sentido a los dos conceptos anteriormente expuestos: Lo humano.

• Humano viene del latín humanus: significa todo lo relativo al hombre y a la mujer o a la humanidad, propio de la persona como ser imperfecto.

En cuanto a todo lo relacionado a la Comunicación Humana, contamos con gran cantidad de información, la cual hemos estado desarrollando en este taller y lo seguiremos haciendo. Pero en lo referente a la Información Humana, solamente tenemos el presente tema para aclarar el concepto.

En la antigüedad, Tomás de Aquino, realizó un intento por definir el vocablo información, Para él, una mayor cantidad de información implicaba una mayor perfección y por lo tanto, mayor participación de la persona, es decir, una mayor interacción con la información significaba una ampliación del campo de conocimientos de las personas, y ello evidenciaba la función activa del sujeto.

Actualmente, la literatura especializada advierte acerca de la diversidad de definiciones que presenta el término información. Han Welish analizó 1516 definiciones, demostrando la carencia de un consenso entre los autores para hallar una definición única, formalmente reconocida o un concepto con enfoque generalizador.

3. CONCEPCIÓN TRADICIONAL.

Antonio Pasquali, venezolano, (seguidor de la Escuela de Frankfurt), en su libro “Sociología y Comunicación” publicado en 1966, presenta un enfoque en el cual distingue la relación de comunicación, de la relación de información, las cuales se pueden sintetizar en el siguiente cuadro:

COMUNICACIÓN INFORMACIÓN


Es un fenómeno específicamente humano

• Conlleva relaciones dialógicas o de intercambio de ideas.



• Se da entre quienes tienen voluntad de igualarse.

• Implica relaciones simétricas o entre iguales, una paridad de condiciones entre emisor y receptor.

• Es democrática.
• Libera.
• Es bidireccional.
Implica diferencias en las relaciones humanas

• Conlleva relaciones de monólogo o alocución, sola- mente uno expresa sus ideas.

• Institucionaliza al emisor al normar a su favor las posibilidades de emitir.
• Implica la imposición de una determinada visión del mundo por lo que rechaza propo- siciones críticas del receptor.
• Es autoritaria.
• Enajena.
• Es unidireccional.

Comunicación es, pues, término privativo de las relaciones interhumanas o entre personas éticamente autónomas, y se señala precisamente en el vínculo ético fundamental con el “otro”, con quien “necesito comunicarme”, “el estado de abierto” como apertura o aceptación de la alteridad en la interlocución (diálogo).

En este sentido, comunicación la define como el intercambio de mensajes con posibilidades de retorno entre polos igualmente dotados del máximo coeficiente de comunicabilidad” e información como “el envío de mensajes sin posibilidad de retorno entre un polo E y un polo R.

De la oposición entre la comunicación y la información, Pasquali deriva un exhaustivo y demoledor ataque al carácter unilateral y masificador de los medios de comunicación, equivocadamente llamados de comunicación de masas. Según Pasquali “solamente la relación de información admite a rigor el uso de la expresión medios de masas, pues únicamente la preponderancia de interrelaciones informativas se torna masificante” en cuanto a “la relación de comunicación limitada que está al nivel del diálogo entre polos bivalentes”.


4. PROBLEMÁTICA

La problemática entre comunicación e información, como contrarios y contradictorios, que hemos venido arrastrado en el campo de la Comunicación Humana, creemos que se derivó de:
• La mala interpretación de los conceptos de comunicación e información, sobre todo del último. Algunos teóricos vieron en la Información el “dar forma”, esto es, el conducir, moldear, manipular la conciencia del receptor. Así, la información se convirtió en sinónimo de verticalidad, autoritarismo, ideología y poder al servicio del Estado y de su clase hegemónica (la burguesía).
• La concepción de información basada en los medios de comunicación masiva en los años 60s, donde era más que evidente la comunicación unidireccional y el control de los monopolios por empresas privadas, sin posibilidad de retroalimentación o diálogo. Esta idea simplemente se aplicó a la comunicación interpersonal, pasando por alto a la comunicación intrapersonal.
• La no actualización del concepto de información. No se comprendió ni se aceptó que está en todas partes, y aparece en las más diversas disciplinas. Ocurrió lo mismo que con el concepto de comunicación, pues los comunicólogos hemos creído y creemos que esta palabra solamente corresponde un uso exclusivo a nosotros. Pero los ingenieros, arquitectos físicos químicos, etc., la usan y la usarán legítimamente; esto ocurre por habernos olvidado que nuestro campo de estudios específico es la COMUNICACIÓN HUMANA y que aquí los conceptos tienen un significado específico.

Esta diversidad de enfoques y concepciones también se pudo deber, entre otras cosas, a que:
• El ser humano, al desarrollar sus ideas, teorías y conceptos, está bajo la influencia de su experiencia personal en el campo del saber donde incursiona y, por tanto, presenta puntos de vista diferentes.
• Los estudios se desarrollan en un tiempo, espacio y condiciones concretas, que imponen percepciones diferentes entre los sujetos.
• Las diferencias en la intencionalidad o actitud implícita de las personas son específicas.

5. CONCEPCIÓN ACTUAL.

Para la comunicación humana es urgente una renovada concepción. Rescatarla y manejarla en su justo significado, ya que la información es parte vital de su proceso, y sin ella no se podría sustentar ninguna práctica comunicativa, y mucho menos una real Teoría de la Comunicación Humana.

Wojciech Zurek nos dice que hasta épocas recientes, se consideraba la Información como mera estadística en un universo material y tangible que existía más allá del territorio gobernado por las leyes de la física y con las cuales era esencialmente incompatible. Este punto de vista es actualmente obsoleto.

Blauber (Diccionario marxista de Filosofía) nos señala: “Al interpretar el conocimiento como uno de los tipos de procesos de información, esta teoría abre nuevas vías para solucionar problemas filosóficos tan importantes como el de la idealidad de la conciencia, el de reflexión como propiedad universal de la materia, el del pensamiento como función de la materia altamente organizada, etc.”.

Guillermo Tenorio Herrera afirma que en cada elemento o aspecto de la Comunicación tiene o cuenta con Información, sólo que ésta recibe un tratamiento específico o singular en cada caso.

Para los efectos del estudio de la comunicación humana, a la información se le debe considerar fuera de toda relación y vinculación con la cibernética (ciencia de la comunicación y el control) y la electrónica; la esencia de los fenómenos sociales impide analizarlos desde la óptica de las disciplinas antes citadas, pues la transpolación, tal cual, no es válida para los procesos humanos, aunque algunos de sus elementos los hemos usado, pero dándoles la interpretación y aplicación debida.

De lo expuesto, se deduce que existe una dualidad de planos de existencia de la información, uno como entidad subjetiva que se genera en la mente de las personas y otro, con una existencia objetiva, en el cual se percibe la información cuando se plasma en algún soporte o se trasmite en un proceso de comunicación. Entre los diferentes planos existe una interrelación dialéctica. En consecuencia, la comunicación consiste en un proceso en el cual se transmite y recibe información.

Debemos destacar que la información, en lo psicosocial, es producto de la aptitud intelectual y el razonamiento del ser humano: es un factor vital e indispensable, tanto para el individuo como para la sociedad; para la comunicación intrapersonal, interpersonal, grupal, colectiva y masiva.

Pero también tiene sus riesgos, pues cuando la comunicación es informativa, se está entendiendo que es formativa, pero también puede ser deformativa. Expresado en palabras del profesor Couffignal: “La acción del hombre sobre el hombre se hace por comunicación de informaciones”.

Entiéndase que la comunicación es el Proceso Totalizador. La información está en forma real o en potencia en el flujo impactante que circula en dicho proceso. Cierto que la información está relacionada con el Mensaje, pero va más allá; se localiza también en la cualidad que tienen, en un momento dado, el emisor, el mensaje, el perceptor, y en general, todo el proceso, ya que la Información no existe ni tiene sentido mientras que el emisor no tenga una falta o duda de propósito, el mensaje no cuente con el tratamiento adecuado y el perceptor no tenga una falta o duda perceptiva que acepte y asimile ese flujo impactante.

La interacción humana, si se hace sin una carga informativa significativa se torna en un proceso comunicativo de lugares comunes, sin modificación alguna del emisor y del perceptor, en una relación monótona. Por eso García Muriel (“la comunicación, una experiencia de vida”, UIA, Plaza y Valdés, 2003) Nos dice que hay diferentes niveles en la comunicación que varían dependiendo de nosotros mismos y del momento, la situación y la persona con la que nos comunicamos: Nivel 1: Comunicación impersonal. Nivel 2: Comunicación superficial. Nivel 3: Comunicación personal. Nivel 4: Comunicación profunda. De aquí se desprende que existan también distintos niveles de información.

Por ejemplo, un alumno que cursa los distintos grados formativos, en realidad está cursando distintos niveles informativos, o mejor dicho, de “comunicación informativa”, que hipotéticamente se va saturando conforme avanza. Si el alumno repitiera una y otra vez el mismo nivel o grado informativo, llegaría en un proceso simple de comunicación, puesto que la información se va o desaparece, pera la comunicación sigue. En otras palabras, toda Información es Comunicación, pero no toda Comunicación es Información.

6. CONCLUSIÓN.

La comunicación y la información son fenómenos ligados, son como hermanos siameses que comparten el corazón y depende el uno del otro. Así, comunicación e información son dos aspectos de la totalidad de una sociedad. La sociedad no puede ser tal sin la comunicación y no puede transformarse sin la información. Ambos conceptos no pueden separarse del estudio de la sociedad global.

Terminaremos citando algunas reflexiones de Bernard Miége (Las etapas del pensamiento comunicacional, 1993). Nos dice que “…la información y la comunicación tienen sus destinos unidos…”. También dice “En este contexto, más que nunca, la comunicación no se opone a la información sino que la prolonga; las dos nociones son con frecuencia indisociables; y las criticas hechas a una…, valen igualmente para la otra”.

FUENTES DE INFORMACIÓN SUGERIDAS.

- Análisis del conocimiento la información y la comunicación como categorías reflejas en el marco de la ciencia
http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol11_4_03/aci02403.htm
Lic. Rubén Cañedo Andalia. Red Telemática de Salud en Cuba (Infomed).
- DIFERENCIA ENTRE COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN
http://www.gestiopolis.com/canales/gerencial/articulos/43/difcominf.htm
Enviado por: María Escat Cortés
- Filosofía de la Comunicación
Fernando Buen Abad Domínguez. http://www.universidadabierta.edu.mx/Biblio/B/BuenAbadFndo_FilComunic.htm
- La Información
http://www.redcientifica.com/doc/doc200302140300.html
Instituto de Investigación sobre la Evolución Humana
© Copyright 2002-2003 Guillermo Agudelo Murguía; José Guillermo Alcalá Rivero; Dr. Gabriel Hernán Gebauer.
- Lenguaje y comunicación. Competencia lingüística y competencia comunicativa
http://www.ilustrados.com/publicaciones/EpyyAuVluEZvHXktxm.php

Tomado del PAQUETE DIDÁCTICO DEL TALLER DE COMUNICACIÓN I que alaboraron profesores del CCH Oriente. Coordinados por el profesor Salvador Cerrillos Sánchez.

Inicios de las Teorías de la Información


Vídeo Para Comunicación I







Empiezo esta serie de comentarios que recogerá "Buscando soluciones en la psicología", recomendando un libro, que de forma amena y comprensible, trata ciertos procesos y mecanismos por los que las personas podemos llegar a convertir lo cotidiano en insoportable y lo trivial en desmesurado.
Paul Watzlawick en "El arte de amargarse la vida", a través de historietas, viñetas, cuentos, ejemplos literarios y refranes, nos ofrece la oportunidad de reconocer nuestro estilo personal frente a determinadas situaciones. Es un libro de lectura sencilla y compleja a la vez, puede ser leído como un relato de historietas o proporcionar una oportunidad espléndida para reflexionar sobre los procedimientos por los que una persona va construyéndose una vida desdichada. Su lenguaje ágil, irónico y paradójico nos provoca a veces la risa y en otras ocasiones nos confronta con los modos en que estamos contribuyendo a nuestra propia infelicidad.
Watzlawick, conocedor de la naturaleza paradójica del ser humano, renuncia a ofrecer buenos consejos para alcanzar la felicidad, procedimiento bastante usado en numerosos medios de comunicación por todo tipo de profesionales, por el contrario señala las maneras en que podríamos perseguir la vida desgraciada, quizá con la secreta complicidad de que el lector se rebelará y le desobedecerá.
A modo de invitación para que os acerquéis a la estupenda ilustración que el autor hace en el libro sobre estos temas, a continuación ofrezco algunas pinceladas sobre los modos y mandatos con los que podemos producir los momentos de insatisfacción en nuestra vida.
Convéncete de que sólo hay una opinión correcta, la tuya, y comprueba que todo el mundo va de mal en peor.
Aférrate al pasado de manera que no tengas tiempo de ocuparte del presente.
Convéncete de ser pura víctima de las circunstancias. Lo que te haya podido causar dios, el mundo, el destino, la naturaleza, los cromosomas y las hormonas, la sociedad, los padres, los parientes y sobre todo los amigos es tan grave que sólo insinuar que pudieras poner algún remedio a la situación ya sería una ofensa.
Asegúrate de que por mucho que cambien las circunstancias conviene seguir prefiriendo las soluciones que fueron suficientes y eficaces.
Rechaza o elude una situación peligrosa aunque te intenten hacer ver que el peligro ya ha desaparecido.
Haz un pronóstico o déjate profetizar un hecho que temes, considéralo después con consistencia propia e independiente de ti, así podrás llegar a donde precisamente no querías.
En las relaciones interpersonales es recomendable leer los pensamientos del otro y actuar en consecuencia. Si puedes acompáñalo con unos pocos reproches hacia el otro que tengan un gran tinte de violencia y ambigüedad. -Exige al otro que haga algo espontáneamente.
Siéntete frustrado al recibir un regalo sólo por haber expresado anteriormente el deseo de recibirlo.
En la relación con otra persona admite tan sólo la alternativa de ganar o perder para poder garantizar no sólo esa relación sino incluso otras futuras.
Me gustaría finalizar con un párrafo que Watzlawick refiere en el epílogo del libro y que refleja el mensaje de la obra:
"La regla fundamental que dice que el juego no es ningún juego, sino algo tremendamente serio, hace que la vida sea un juego sin fin que sólo la muerte acaba. La única regla que podría poner fin a este juego, no es ni siquiera una regla de este juego, tiene varios nombres y en el fondo significan lo mismo: honradez, confianza, tolerancia. Si lo creyéramos también sabríamos que no sólo somos los creadores de nuestra desdicha sino que del mismo modo podríamos crear nuestra felicidad".
Llegados a este punto quizá podamos compartir las afirmaciones que un personaje de Dostoyevski decía en "Los demonios":
"Todo es bueno, todo. El hombre es desdichado porque no sabe que sea dichoso. Sólo por eso. Esto es todo, todo. Quien lo reconozca será feliz en el acto, en el mismo instante".
Paul Watzlawick: "El arte de amargarse la vida". Barcelona, Herder, 1989.
Otra opinión.
El arte de amargarse la vida: cómo convertir lo cotidiano en insoportable. 22 febrero 2005
Acabo de leer por segunda vez un libro que me encanta y que estoy segura que leeré una tercera. Se titula «El arte de amargarse la vida», de Paul Watzlawick, psicoterapeuta miembro del equipo de Palo Alto y estudioso -entre otras cosas- de la pragmática de la comunicación humana. Vamos, uno de mis ídolos y de cuyos escritos soy fiel seguidora….
En este libro cuenta la posibilidad de tener una vida amargada siguiendo dos caminos distintos:
1. Debido a circunstancias de la vida que te arrastran hacia la decadencia (aspecto en el que no incide)
2. A través de lo que considera un arte: amargarse la vida a propósito. Te da las claves e incluso ejercicios para aprender a hacerlo.
Entre las pistas para conseguir perjudicarte plantea la posibilidad de, como solución ante un problema, intentar aplicar más cantidad de lo mismo, ya intentado sin éxito. Dos ejemplos:
•Si no entiendo lo que me estás diciendo, dime lo mismo (con las mismas palabras), pero más alto, que seguro que así lo comprendo mejor.
•Cuando por las noches programo el despertador para madrugar a la mañana siguiente, suelo dudar de si apreté o no la clavija. Como solución, lo que intento es comprobar una y otra vez que la clavija está en el «on» y no en el «off». Esta solución sólo consigue tranquilizarme durante unos segundos, porque inmediatamente vuelvo a tener la misma duda. Entonces, ¿qué hago? Precisamente eso, volver a encender la luz de la lámpara y ver si la clavija está en su sitio (Freud me llamaría neurótica, Watzlawick es bastante más benévolo).
De este modo, una siembra más cantidad de la misma solución para recoger mayor cantidad de la misma desgracia. Pues esto se puede aplicar tanto a pequeñas incomodidades del día a día como a problemas mayúsculos.
Recomiendo a todas las personas que puedan, utilizar esta guía para hacerse expertas amargadas. Así sabrán lo que están haciendo, serán responsables (conscientemente) de sus desgracias, sin echar balones fuera creyendo que su mala suerte se debe al mal de ojo que le echó la vecina o al espíritu de su difunta esposa que le sigue atormentando ahora que encontró una nueva pareja.
También hay posturas opuestas como la siguiente: http://www.papelenblanco.com/ensayo/el-arte-de-amargarse-la-vida-de-paul-watzlawik
Ensayo. ‘El arte de amargarse la vida’ de Paul Watzlawik. Sergio Parra 14 de febrero de 2010 |
Estamos ante un volumen de hechuras tan modestas que, más que un libro, se parece a un panfleto de varias páginas. Bajo el mismo prisma, las aspiraciones del autor no son demasiado elevadas: así como del gorrino en la matanza se puede aprovechar todo, en este El arte de amargarse de la vida apenas valen la pena algunos capítulos. Más aún: a veces sólo algunos párrafos.
No me gusta adoptar el tono de pitufo gruñón en versión crítico literario, pero con esta pequeña obra de Paul Watzlawik (Austria, 1921) no me queda más remedio. Tardé una hora en leerla. Sólo disfruté un 10 % de la misma. Y calculo que no tardaré más de una semana o dos en olvidarla por completo. Lamento chafar el matasuegras y la guitarra.
Digo esto último porque gran parte del propósito de la obra es divertir. O como matiza su editor, ”el nuevo libro de Paul Watzlawick se puede leer medio en broma y medio en serio. Es posible que el lector encuentre en este libro algo de sí mismo, a saber, su propio estilo de convertir lo cotidiano en insoportable y lo trivial en desmesurado”.
Y no hay mucho más. Las páginas de este librillo recogen algunas reflexiones, un puñado de citas de otros libros y de escritores consagrados, y… punto. No hay una introducción metódica, fundamental y basada en una experiencia clínica de decenas de años sobre los mecanismos más útiles y seguros de la vida amargada. Ni nada que se le parezca.
Más bien debe considerarse lo leído como una iniciación o guía que trata de mantener la tesis (por otro lado totalmente arbitraria) de que la felicidad es menos interesante que el drama, que el ser humano completo es aquél que vive en perpetua desazón y desesperanza y no el que tiene colmados todos sus deseos. En definitiva, una obra que hace apología de la infelicidad como objetivo vital.
Para ello ofrece algunos ejemplos un poco cogidos con pinzas o directamente deslavazados, como el que sigue:
La literatura universal ya debería habernos inspirado desconfianza. Desgracias, tragedias, catástrofes, crímenes, pecados, delirios, peligros, éstos son los temas de las grandes creaciones. El Infierno de Dante es incomparablemente más genial que su Paraíso; lo mismo puede decirse del Paraíso perdido de Milton, a su lado, el Paraíso reconquistado es francamente soso; la caída de Jedermann (Hofmannsthal) arrastra, en cambio, los angelitos que al fin le salvan, causan un efecto ridículo; la primera parte de Fausto conmueve hasta las lágrimas, la segunda hasta el bostezo.
En definitiva, para pasar un buen rato (corto, y sin fuegos artificiales). Editorial Herder. 144 páginas. ISBN 978-84-254-2330-7
El arte de amargarse la vida.  JORDI DEL RÍO. Día 19/09/2011 - 09.46h. 
Por casualidad este verano cayó en mis manos un librito titulado «El arte de amargarse la vida», del constructivista austriaco Paul Watzalwick, al que en Teoría de la Comunicación humana se le otorga parte de la paternidad del axioma sobre «la imposibilidad de no comunicarse». Todo comportamiento es una forma de comunicación, defendía. Sin pretensiones, el sardónico libro es divertido y se lee en poco más de dos horas. Ejercicio altamente recomendable en estos tiempos de acritud desmesurada. Tiempos en los que articulas una página en cualquier red social para pedir la dimisión del portero de tu comunidad y en pocas horas tienes apuntados a la totalidad de tus convecinos. Watzalwick nos explica en su libro, entre otras cosas, el fenómeno del «autocumplimiento de las profecías» con un divertido ejemplo que simboliza no la creación de un problema sino de cómo evitarlo a fin de que perdure. Una solterona, o solterón, vive a la orilla de un río y se queja a la policía de que unos jovenzuelos se bañan desnudos delante de su casa. Estos son llamados al orden y se trasladan río arriba donde ya no hay casas. El afectado vuelve a llamar: los jóvenes nadan todavía al alcance de la vista. De nuevo los chicos se desplazan pero el damnificado no tiene bastante: «Desde la ventana del desván todavía puedo verlos con unos prismáticos». Este divertido episodio ilustra en parte la endémica acritud de las relaciones Cataluña-España: la sistemática utilización de prismáticos. Y añado, el cansino uso de «reproches y excusas», palabras de Guardiola curiosamente silenciadas. Misma acritud, a mi entender algo exacerbada e injusta, observada en las relaciones entre ciudadanía y política. No pretendo frivolizar, no corren buenos tiempos para «defender la alegría» con credibilidad. El gran Federico Fellini solía responder a preguntas sobre la caótica situación política italiana con una interesante reflexión: «No se trata tanto de cambiar gobiernos como de cambiar nuestra relación de pasión con la vida». Es decir, qué fácil es destruir y qué difícil construir, imaginar.
 Jordi del Río es profesor de Ciencias de la Comunicación de la UAB.

martes, 4 de octubre de 2011

Del tema: Procesos de la comunicación. Concepto y características de la comunicación y de la información.

PRACTICA 1. Teoría del Caos y la Información a través del cuento: “La luz es como el agua”
Objetivos: Que los participantes:
• Reflexionen sobre las diferencias que hay entre la comunicación y la información. A la primera se le considera como el acto de relacionarse entre dos o más sujetos, que evocan en común un significado, y a la información se le considera como el conjunto de mecanismos que nos permiten retomar datos del ambiente y estructurarlos de una forma determinada, que sirva de guía para actuar.
• Llegar a identificar a la información, la comunicación, la entropía y el caos a través de la lectura y análisis del cuento “La luz es como el agua” del famoso escritor Gabriel García Márquez, donde se llegan a mostrar metafóricamente estos conceptos.
• Reconocer dentro del cuento que la comunicación y la información son dos aspectos de la totalidad de una sociedad. Que la sociedad no puede ser tal sin la comunicación y no puede transformarse sin la información. Ambos conceptos no pueden separarse del estudio de la sociedad global.




La luz como el agua




En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos. 
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad. 
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante. 
-Es una prueba de madurez -dijo. 
-Dios te oiga -dijo la madre. 
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel, la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.